sábado, diciembre 09, 2006

Capítulo 23: No intentes ser mi conciencia

No intentes ser mi conciencia


El autobús no me dejó demasiado lejos del Boulevard, pero aun así me quedaba un buen camino a pie. No me vendría mal, después de todo necesitaba despejarme.
Cuando llegué a mi destino y vi el bar de Óliver, no pude evitar entrar. Además tenía mono de cafeína.
Él me vio enseguida. No era difícil, el bar estaba, como casi siempre, prácticamente vacío.
- ¿Qué haces aquí? – Me preguntó. - ¿No te ibas a quedar con tu amiga?
- Ya he estado con ella. Joder, Óliver, no te puedes ni imaginar qué me ha contado...
- ¿Pues qué te ha dicho?
- Que ella no intentó suicidarse... Los causantes de sus cortes en las muñecas fueron los tipos del ascensor seis.
- ¿Qué? – Óliver se quedó blanco. Me pareció que esa historia le parecía familiar. – Pero ¿cómo... ?
- En un sueño. En uno de esos sueños en los que no te puedes despertar... No sé si me explico.
- Despertar imposible. Sí, de esos que son híper realistas. Sí, ya sé. Algo así como un viaje astral.
- Óliver, tú sabes algo ¿no?
Óliver bajó la cabeza, como hacía siempre que estaba a punto de decir algo que no debía o no quería decir.
- ¿Óliver? – Insistí.
- Mira, Nístrim, ya sabes cómo son los tipos del ascensor número seis. Van con la intención de querer ayudarte, pero en realidad juegan al ratón y al gato hasta que tú decides cómo vivir tu vida. O te enfrentas a la vida, o te condenas al ensimismamiento.
- Ok, Óliver, eso ya lo sé. Pero ¿por qué van ahora a por Carol? ¿Y cómo que se meten en sus sueños?
- Ellos andan buscando constantemente a gente que tenga... No sé, problemas. Bueno, no problemas, más bien buscan a aquellos que les ven que están cerca de caer... No sé si me explico.
- Cada vez peor, Óliver. Pero bueno, que ya te entiendo...- Dije haciendo una mueca. –
- Tú llegaste allí por instinto, no sé, pero nunca se llega allí por casualidad. Allí sólo llegan quienes tienen que hacerlo ¿vale? Pero cuando eso no funciona, optan por utilizar otros medios...
- ¡Pero eso es terrible, Óliver! Esos significa que nunca podré librarme de ellos. Cualquier noche pueden visitarme en mis sueños...
- No, Nístrim, no creo. Además, tú ya tienes tu libro y tal... Recuerda que te dejaron muy claro que si no salía todo bien, el final de ese libro sería sin ti. Yo creo que tus sesiones en el ascensor seis están más que acababas.
- No, Óliver, tío que no... Que tengo que ayudar a Carol, que tengo que volver allí.
- No deberías jugártela de ese modo, Nístrim, ya has visto de lo que son capaces de hacer esos tipos. Ya te dije que el ascensor seis no es como el resto de ascensores del Boulevard. Recuerda que son los monstruos del subconsciente...
- ¡Óliver, se trata de Carol! ¿No lo entiendes? Es mi amiga, no puedo pasar esto por alto. Nunca me lo perdonaría.
- Allá tú. Yo ya sabes lo que opino.
Maldita sea la palabra opinión y su absurda definición.
Salí del bar sin despedirme de Óliver. No era capaz de entender la actitud que acababa de tener el chaval. Nunca me habría imaginado que Óliver pudiera pensar de ese modo.
Aún llovía. ¡Y de que manera! Crucé la carretera a toda velocidad y me refugié en el frío y oscuro portal del Boulevard.
Una vez más, dejé que el ascensor me llevara al supermercado.

3 cafés:

Anónimo dijo...

Como haces xa q ahora m haya vuelto adicta a tu historia??? Sube el siguiente capitulo, x¡favor!!! Lo necesito como el aire q respiro. Mariedianne(tu adictiva fan, q cada dia es mas cursi)

Awixumayita dijo...

Ay! Pero qué maja eres!!! Bueno adicta, aquí te dejo el capítulo 24. :)

Anónimo dijo...

Ha vuelto Mariedianne! y con ella sus autodefiniciones. Pero esta vez añade un dato mas a su comportamiento. Pues parece una pequeña poetisa con las letras que dedica a,su ya amiga, nistrim. lo necesito COMO EL AIRE QUE RESPIRO.Hermoso,si señor. Tal vez sin saberlo te estas haciendo mayor y te diriges hacia un destino fructifero como promesa de las letras.
Por otra parte has de sentarte a recapacitar tus palabras. Adicta y adictiva no han de tener un mismo significado en tu vocabulario, piensa que de lo contrario se escribirian igual.

Bonifacio S.Guay