martes, noviembre 28, 2006

Capítulo 11: Tal como éramos

Tal como éramos.



- De qué me sirve tener un pensamiento liberal si el sexo femenino aún sigue calificándose “sexo débil”. Hombres, repugnante cáncer de la sociedad. Seres sin sentimiento alguno que se sienten los amos del universo sin saber que son meros juguetes de la mujer. Joder, Nístrim, claro que tienen sentimientos.
- ¡Carol! ¿De dónde has sacado eso? Dámelo.- Me acerqué a ella, que me dio el trozo de papel sin decir nada.
En ese momento Lucía, que había permanecido en silencio hasta entonces, dijo:
- Nístrim, no puedes tratar así a los hombres; ellos también sienten.
Uf, lo que tenía que aguantar. Gente defendiendo a aquel individuo de la especie humana con pene cuyas neuronas no le permiten ver más allá de un culo femenino.
Ya había estado enamorada de uno una vez y me juré a mí misma no volver a hacer algo semejante jamás. ¡Es como si un judío se enamorase de un nazi!
Un culo femenino... Lo que ellos consideraban un buen culo femenino. Caderas excesivamente estrechas, culo pequeño, pecho grande, pelo rubio, delgadez extrema, estatura media... ¡Eso era lo único que se dignaban a apreciar! Por eso yo fui tan tonta de ponerme a vomitar como una posesa, todo aquello que ocupaba mi estómago, los días posteriores a la humillación sentimental. A sabiendas de que yo estaba delgada y que mi ochenta y cinco, sesenta y cinco, noventa, no era más que un trío de números, al igual que mi talla treinta y seis / treinta y ocho y mi pelo largo, castaño y rizado.
Una Erzsébet Báthory inteligente, bella e ignorada. Abandonada, aburrida y engañada por una sociedad contaminada de una estética falsa que se alimentaba de jovencitas desnutridas que paseaban sus minúsculos culos sobre unas pasarelas.
Una Erzsébet Báthory cuya falsa fuente de vida no era la sangre, era la literatura.
Era el mero hecho de escribir lo que me estaba cerrando. Yo escribía casi todos los días, ya fuera en un diario, o paranoias sueltas en trozos de papel, o historias breves o inacabadas.
Me sentía tan sola en aquel piso, cuya única compañía eran un bloc, un boli y mi subconsciente, ese que quería matarme; que cada vez me extrañaba menos el hecho de acabar completamente ensimismada.
- Esto lo escribí hace tiempo.- Dije, mentirosa, para excusarme.- Ni siquiera sabía que estaba aquí.
- ¿Por qué no te planteas salir con alguien?- Me preguntó Carol.
Bajé la cabeza y la ladeé, abatida.
- ¡Ay! ¡Que tarde es! – Exclamó Lucía.- Había olvidado que había quedado con Guille. Debo irme, chicas. Esta noche nos vemos por la zona.
Lucía llevaba saliendo con Guille desde hacía un año. Me parecía increíble. Eran muy felices juntos o, al menos, eso parecía. Durante ese año habían tenido sus más y sus menos, pero siempre habían salido adelante. Y, en ese momento, les iba bastante bien. Pero Lucía ya no era la de antes. Hablaba poco con nosotras, se iba muy pronto, le quitaba importancia a todo aquello que sólo le debía importar a ella, se comportaba de forma diferente con nosotras si Guille estaba delante... Yo no quería acabar como ella. No quería probar los efectos secundarios del amor que afectaron a Lucía.
- Pues, ahora que sale el tema, -Dijo Carol.- Yo he quedado con Pablo esta noche.
- Vamos, Dafne, que hoy toca noche de solteras.- Le dije a Dafne, que estaba tumbada en el sofá mirando al infinito.
Pablo y Carol, Carol y Pablo, también llevaban mucho tiempo saliendo, pero no estaban tan absorbidos como Lucía y Guille. Carol tenía una forma de pensar bastante parecida a la mía, en lo que al ámbito sentimental se refiere. Ella compartía mi idea de que el amor no existe pero, al contrario que yo, ella había mantenido alguna que otra relación sentimental seria. Y con este último parecía irle bastante bien.
Carol y Lucía decían admirar mi modo de vida, pero en el fondo sabía que yo para ellas era un simple putón. Seguramente les daría pena verme tan sola, refugiada entre mis historias... Pero qué par de ignorantes.
Dafne era, sin duda alguna, la más fuerte de todas nosotras. Para ella el amor había pasado a un segundo plano tras toda esa colección de humillaciones no merecidas durante los terribles años escolares. Un falso rumor, como la mayoría de los bulos, le había marcado de por vida. Condenada a ser rechazada por una invención infantil. Condenada a una infancia sin amistad, resurgió de sus cenizas cuando comenzamos a salir las cuatro.
Su belleza, y su cuerpecito de muñeca, le ponía a su alcance a cualquier chico. Pero ella siempre esperaba estar lo bastante segura hasta liarse con alguno. Por entonces estaba medio, medio, con un ex. Algo que a mí, personalmente, me parecía una equivocación, ya que suponía que él volvería a hacerle daño, como cuando la dejó.
- Pues venga, Nístrim, arréglate y vamos a comernos la noche.
Hice caso a Dafne y me arreglé físicamente, preparándome para una noche de fiesta que, esperaba, me arreglase psicológicamente.

3 cafés:

Anónimo dijo...

next, siguienteee! xD
veo q no t kieres kdar sin puertaa xDDD
ya sabes q tienes una lectora "fanática y friki" jeje, asiq cuidadito! a ver si subo al 4º con el cuchillo.. =)
bxits neni!
PauLa!!

Adriana Bañares dijo...

Tía, me estás asustando.. y esto ya está llegando al final... mmmm tendré que alargar la historia para evitar disgustos. :)
Aquí va el siguiente...!

Anónimo dijo...

No te preocupes Nistrin, Paula no es la unica que lee tu blog, pero tal vez si la unica que se anima adejar un comentario.. pero dejame decirte que a nosotros, los del sexo debil, nos das con palo... un poco mas de piedad niña!!!! jajajaja... sigue, siue, sigue...